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domingo 12 de septiembre de 2004, 22:00:00
Barrankostage - 4 al 6 de junio 2004 - Sierra de Guara
Tipo de Entrada: RELATO | 4912 visitas

BARRANCOSTAGE ? Guara ? 4 al 6 de junio de 2004 * Barranco de Mascún (Rodellar) * Barranco de Chimiachas ? Cañón del río Vero (Alquézar)

Barranco de Mascún y Cuca de Bellostas
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Barranco de Mascún y Cuca de Bellostas
Primera cascada del Barranco de Mascún
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Primera cascada del Barranco de Mascún
Quintin en el Pozo Negro del Mascún
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Quintin en el Pozo Negro del Mascún
La Cocineta en la salida del Barranco de Chimiachas
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La Cocineta en la salida del Barranco de Chimiachas
Quintin nadando en uno de los caos del Vero
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Quintin nadando en uno de los caos del Vero

Son las 8 y media de la tarde cuando mi coche alcanza al Laguna verde de Quintín justo cuando entramos en el parking del Hotel-Restaurante de Bierge. Bajamos, nos saludamos y penetramos en el interior del recinto para degustar un tentempié a base de bocatas y bebidas refrescantes. A las 22:30 nos damos a la fuga en busca de un lugar donde poder aposentar nuestros cansados cuerpos y pasar la noche. Decidimos ir a buscar la gran encina característica del parking del barranco de Cueva Cabrito, lugar llano y tranquilo ideal para pernoctar. Llegados al punto dicho, preparamos las mochilas y el material para el día siguiente, y sobre las 23:30 nos enfundamos en nuestros respectivos cortijos de verano.

 

Las 6:15, suena el despertador....después de un breve desperezamiento nos levantamos, recogemos los sacos y demás complementos vivaquiles y después de un escaso desayuno líquido nos echamos a la carretera para devorar los 7 km que nos quedan hasta Rodellar. Llegados al pueblo, aparcamos el coche, nos mudamos de ropa y nos ponemos en marcha hacia la cabecera del barranco del Mascún, objetivo de hoy. Son poco más de las 7 pero ya hace rato que es de día. No hay vida humana presente en Rodellar ni en las zonas de escalada próximas. Poco a poco vamos remontando el curso fluvial del Mascún pasando por la surgencia del barranco de la Virgen, la ventana del Mascún más conocida como el ?delfín? y en poco más de 45 minutos llegamos a la Costera de Otín, donde divisamos en todo su esplendor la esbelta aguja de la Cuca de Bellostas. La Costera de Otín, tremendo zigzagueo en la vertiente derecha del Mascún, nos permite ganar altura mucha altura en unos 45 minutos hasta llegar a los rellanos cercanos al pueblo abandonado de Otín. Desde allí hasta la entrada del barranco una media hora de pateada suave presidida por las bonitas vistas del Pirineo nevado desde el Taillón y la brecha de Rolando hasta el Cotiella y la Punta Suelza, pasando como no, por las Tres Sorores y las Tres Marías.

 

Son las 9 de la mañana cuando alcanzamos el incio del barranco. Allí ya se encuentra un tropel cursetista de franceses con su guía que han subido con 4x4 hasta casi la cabecera. Mientras nos cambiamos y nos equipamos, los franceses empiezan a saltar y rapelar los dos primeros resaltes, el llamado Saltador de las Lanas.

 

Diez minutos después lo hacemos nosotros. El primer resalte se resuelve con un salto de unos 7 metros. El segundo con un rápel de unos 14 metros hasta una repisa y de allí un saltito de 4 metros hasta la poza receptora final. Continuamos y avanzamos a los franceses que nos dejan pasar. En breve llegamos a las Cascadas de Peña Guara, tres resaltes magníficos y de gran ambiente. El primero se salta (5m) o se rapela, el segundo, muy cortito (2m) se salta, y el tercero, el más alto (9m), se desciende con cuerda.

 

Acabado este tramo el barranco se horizontaliza durante unos 300 m hasta llegar a la parte más estética del barranco. Las paredes de caliza se levantan verticales más de 100 m y se estrechan hasta formar un cañón de escasos 4 metros de ancho. Un corto tramo de nado y llegamos a la gran Cueva. Una gran sala de unos 25 metros de alto y 100 metros de largo por donde progresamos casi a oscuras. Al final de la cueva se ve un agujero por donde entran los rayos del sol, ahí nos dirigimos y con un pequeño saltito salimos a alargada poza que nos permite salir de la oscuridad total. El barranco sigue en su tónica, grandes paredones rocosos, y una acuática y oscura galería. Después de un corto nado escuchamos el rugido a lo lejos del agua precipitarse por las cascadas del Pozo Negro. Es quizás la zona más mágica del barranco. El rápel del Pozo Negro, de 11 m, cae en una semi-gruta oscura de paredes botroidales y multicolores erosionadas por el paso del agua durante miles de años. Seguidamente encontramos un par de rápeles cortos, uno de ellos con un tronco empotrado casi petrificado, y pocos metros después el barranco se abre y deja caer los potentes rayos de sol del mediodía sobre nuestros cuerpos enfundados completamente en neopreno.

 

Decidimos descansar un ratito y aprovechar para preparar un pequeño piscolavis a base de fruta seca, anacardos y remojado con un lingotazo de agua de la cantimplora. Una vez saciada nuestra hambre y sed emprendemos el retorno andando (y nadando) por el Mascún horizontal hasta la altura de la Cuca de Bellostas donde empalmamos con el sendero de aproximación. Nos quitamos los trajes y nos cambiamos. Unos tres cuartos de hora nos separan de Rodellar. Durante el camino Quintín y yo babeamos en un par o tres de ocasiones viendo a los ?megalolos? ochogradistas que se hacen polvo en los desplomes, chorreras, regletas, fisuras y agujeros que les brinda la magnífica caliza de Guara.

 

Poco antes de las 2 del mediodía llegamos a los coches, petaillos por la larga jornada barranquil, pero satisfechos por la actividad realizada. Después de cambiarnos y recoger los bártulos nos disponemos a buscar un sitio donde meternos entre pecho y espalda algo sólido. Acabamos en un bar-restaurant de las Almunias de Rodellar, donde degustamos los productos de la tierra regados por sendos refrescos burbujeantes de cebada y cafeína.

 

¡¡ Y ahora viene lo bueno!! ¡¡ Una siesta de dos horas bajo la sombrita de la encina del Cueva Cabrito!!! Tiempo que dedicamos también a secar al sol nuestros empapados trajes, arneses, cuerdas y zapatillas.

 

Sobre las 6:30 de la tarde agarramos los autos y nos desplazamos hasta la bonita localidad de Alquézar. Damos un garbeo por las callejuelas empedradas, tomamos algo y cenamos en una terracita con vistas sobre la iluminada colegiata. Después de este habituallamiento, sobre las 10 de la noche, recorremos con coche la pista que lleva hasta el punto de inicio de la aproximación del barranco de Chimiachas, objetivo del domingo. Llegados a ese punto, desplegamos los sacos junto al coche y sin casi mediar palabra nos echamos en nuestros cómodos sacos esperando el nuevo día.

 

El nuevo día empieza para nosotros sobre las 7 de la mañana. Hoy los dos hemos dormido del tirón, incluso Quintín no se ha despertado con un rebaño de ruidosas ovejas que han pasado por ahí cerca sobre las 3 de la mañana (me pregunto ¿¿dónde c..... irían a esas horas??). Sin desayunar...preparamos los bártulos correspondientes y sobre las 7:30 enfilamos la senda zigzaguente siguiendo los hitos como nos marca la reseña en francés que llevamos.

 

En poco menos de una hora llegamos hasta un collado donde encontramos un cartel explicativo de los puntos de interés de la zona (Cueva de Chimiachas, Pozos de Hielo, etc). Le echamos un vistazo y decidimos coger el camino que sube hacia la loma de la montaña tal como parece que marca el cartel (¡¡grave error!!!). Subimos una cuesta , atravesamos un pinar y llegamos al cruce de los pozos de hielo, bajamos hasta el primero de ellos creyendo que ese camino llegaría al barranco...pero no!! Deshacemos el camino y proseguimos por la anterior senda hasta cruzar con la cabecera del barranco de Chimiachas. Entramos en el cauce, bueno más que cauce, es una vaguada llena de vegetación casi selvática a base de toda la variedad de pinchos, zarzas y demás arbustos punzantes, amenizado todo con una humareda amarilla de polen que se desprende cuando movemos las ramas de los arbustos más odiosos que he visto en mi vida. No teniendo suficiente con esto, de vez en cuando alguna agradable tela de araña se nos incrusta aleatoriamente en brazos, tronco y piernas. La odisea abriéndonos paso por ese tremendo berenjenal dura casi 1 hora, punto donde ya deshollados y arañados por toas las partes, decidimos salirnos por un pequeño claro en la maleza hacia la orilla derecha del infiernal torrente, donde milagrosamente y después de deducir nuestro error (error causado por refiarnos del confuso cartel informativo del collado), encontramos el camino que lleva por fin hasta la entrada de la parte deportiva del susodicho barranco de Chimiachas.

 

El barranco empieza con un bonito rápel volado de 26 m (fraccionado en dos partes).¡¡ Ojo ¡! la instalación de este rápel está montada con cintas planas y una cadena de un arbusto que se mueve bastante!! Que yuyu!! Después de este rápel viene una sucesión de resaltes más cortos, siempre secos, con trozos andando sin gran interés nos lleva a la parte final del barranco, la más espectacular. Dos rápeles tumbados de 45 y 25 m, nos llevan a la instalación del último rápel de 45 m que nos dejará en la llamada Cocineta, justo ya en el cauce del río Vero.

 

En este punto nos enfundamos los neoprenos y empezamos a bajar el acuático Vero ansiosos del deseado remojón. El Vero es un gran cañón, amplio y de paredes potentes que se alzan en algunos puntos más de 200 metros por encima de curso fluvial. Es ideal para iniciación, pues no tiene ningún resalte que precise del uso de cuerdas.

 

Nuestra progresión es lenta pero amenizada de vez en cuando por algún pequeño saltito o alguna poza donde darse un chapuzón. Hacia el final del cañón encontramos cada vez más zonas de grandes caos de bloques ciclópeos caídos de las altas paredes. Estas zonas forman recorridos laberínticos donde el agua se da paso alegremente entre las rocas pulidas y de formas caprichosas. Zonas oscuras, rayos de luz entrando por pequeños agujeros y agua de color turquesa durante todo el recorrido es el ambiente que domina en este tramo del Vero.

 

Después de unas 2 horas y media bajando por el Vero llegamos al reconstruido puente románico de Villacantal, punto final del descenso, y desde donde cogemos el sendero de subida que una media horita nos sube hasta Alquézar y hasta uno de los dos coches que dejamos estratégicamente allí el día de antes.

 

Son las 4 de la tarde y nuestra aventura en Guara se ha acabado. Después de tomar unos refrescos y unos helados en un chiringuito cercano cada uno emprende el camino de regreso, uno para Barcelona y el otro hacia Madrid.

Galerías de fotos:

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THE END.
Dave




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